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MÃS KANDINSKY, POR FAVOR

Clara Colinas Marcos (Profesora de la UNIR)   10/Septiembre/2018

Mi interés por Kandinsky se remonta ya a los años de adolescencia, cuando mi profesor de piano, el compositor belga Raymond Andrés, me anotara la vinculación de este pintor con la música, o cuando mi profesora de arte en el Instituto, Marisa Monteagudo, días antes de enfrentarnos a la Selectividad, nos hablase de sus obras con especial atención; fue una etapa de descubrimiento de tantas cosas, de ese galopante fluir de nuevas emociones que hicieran que me entusiasmara de lleno su pintura pura; en palabras del propio Kandinsky “llamada también pintura absolutaâ€, directamente conectada con la música y con esa “forma abstracta que me era necesariaâ€, dijo en su Conferencia de Colonia.

Sin título (conocida como la “primera acuarela abstractaâ€), de 1910. Kandinsky, conservada en el Centro de Arte Georges Pompidou

Claro está, ese interés inicial se vio reforzado a mi llegada como estudiante a la Universidad de Salamanca, fui acercándome a este autor con especial atención: un artista cuyo legado defiende por encima de todo la “necesidad interior†de la acción creativa, descubriendo cómo supo fundir tan genuina manifestación pictórica con una destacada aportación teórica. Cómo no, el Centro Pompidou fue visita obligada en mi recorrido parisino con ocasión de nuestro viaje de estudios: poder así presenciar emocionada, muy de cerca, aquella emblemática obra: la conocida como “Primera acuarela abstractaâ€.

Descubrí entonces aquel concepto que Kandinsky y Schönberg compartirían, el de “obra de arte totalâ€; de este modo, no importaba tanto el punto de partida (el hecho de que fuera pintura, danza, música o teatro), sino que la representación artística se concibiera como un ‘todo’ cargado de emoción, de eliminación de lo objetivo frente a la interioridad. Y que así conectara con la música de Debussy, ideal para hablarnos de “experiencias sinestésicas para una nueva doctrina sobre el colorâ€, y de “las antinomias en tensión: cálido-frío y claro-oscuro†(como bien anotara Düchting, 1999, p. 58). De ahí que su pintura estuviera repleta de “fuerzas vivas†como él mismo anotase en Punto y línea sobre un plano, y que fueran dinámicas, portadoras de ritmo y buscadoras de un pulso universal: es más, en ciertas obras como en su Composición VI dijo querer capturar la “música de las esferasâ€.

Así que cuatro años después, tras licenciarme, no podía faltar tampoco en mi Tesis Doctoral: mi mirada se dirigiría nuevamente a Kandinsky, un pintor cuya “vitalidad y fuerza imaginativa sobrepasaban con mucho sus facultades pictóricas†(Düchting, 1999, p. 8), una persona con una capacidad de trabajo inmensa y con una creencia muy firme en su vocación. Dedicación y sensibilidad hicieron que pudiera llegar al lugar donde llegó; que pudiera escribir sus tratados magníficos, tales como La gramática de la creación o De lo Espiritual en el Arte (obras que siempre recomendaré a mis alumnos hoy, varios años después de descubrirlos). En ellos se contienen tantas cosas: sus teorías empapadas de sonoridades y de espiritualidad, su estudio detenido de la forma, su propuesta armónica de color y emoción; engarzando así con la idea de Korovin que proponían que un paisaje debía traer consigo una “historia del almaâ€, permitiendo así “emitir un sonido que responda a los sentimientos del corazón†(p. 245).

Una anécdota más viene a mi recuerdo; a punto de depositar mi Tesis Doctoral, la Fundación March traía a Madrid la exposición “Kandinsky, origen de la abstracciónâ€; de este modo, nuevos alicientes y ‘pistas’ que me hacían seguir su estela, su lenguaje no solo pictórico, sino decididamente cósmico: presente no ya en sus geometrías y elementos, sino también en sus fondos blancos de “gran silencio absolutoâ€; ese silencio que intuyó una mañana tormentosa en la que Kandinsky se despertó y descubrió ese blanco “preñado de cosas posiblesâ€, que en silencio se “mostraba por todas partes†(como advirtió en su “Conferencia de Coloniaâ€).

En los paisajes coloristas y de gran intensidad, previos a la abstracción más avanzada, están muchas de las claves para entender la obra de Kandinsky. Imagen de Murnau. Paisaje estival (1909), recuperada de la web del museo

 

Sobre fondo en blanco I (fragmento), de 1920, una de las obras de Kandinsky expuestas en Málaga. Imagen recuperada de la web del museo

Hemos de hablar, necesariamente, de aquellos años intensísimos para la creación artística en Rusia; desde finales de la primera década del XX hasta comienzos de los años 30 se dieron allí los factores ideales para que fraguara buena parte de la vanguardia internacional; pero esta muestra es verdaderamente interesante pues propone además un recorrido por iconos del XVI y del XVII, así como muestras del arte ruso popular del XIX, de manera que se entienda cómo influyó este legado en la concepción artística y vital de Kandinsky y de los creadores de principios del XX. Junto a estas huellas del pasado y las obras de Kandinsky se proponen pinturas de artistas rusos del momento, como Lariónov , David Burliuk o Nicholas Roerich.

Encontramos en ellos muchas ‘pistas’ que nos hablan de sus orígenes. Y es que para Kandinsky, como para tantos otros creadores, las costumbres y las vivencias de la niñez fueron decisivos; es más, para la Comisaria de la exposición que tuvo lugar en Málaga, Yevguenia Petrova “el mayor logro que obtuvo Kandinsky†de su contacto “con la región del norte fue el amor por ese pueblo sencillo, incluso primitivo, por su forma de vida y su arteâ€.

Su arte y su emoción siempre estuvieron conectados con su tierra natal, con los intensos verdes, ocres y rojizos de su infancia, como él mismo manifestó en su Miradas retrospectivas. (A partir de 1906, el azul había comenzado a cobrar una presencia singular y se ve reforzada la influencia bávara y su interés por la gráfica).

Su emblemática Mancha negra, I (1912) Imagen recuperada de la web del museo

Poco después, en 1909, comienza con sus emblemáticas series, muy en sintonía con el hecho musical: Improvisaciones, Composiciones e Impresiones; en estas últimas, volcadas de lleno en la emoción espontánea; fueron años intensos, Kandinsky acudía al teatro y a conciertos con asiduidad, y establece una fuerte amistad tanto con Schönberg como con Franz Marc. Fueron experiencias que, sin duda, le conducirían a una obra de mayor libertad formal y de gran musicalidad, lo que finalmente le permitió apostar de lleno por la abstracción.

Improvisación nº 11 (1910), recuperada de la web del museo

Es por ello que ruego este lema de hoy, “Más Kandinsky, por favorâ€, en la condensación de tantas pistas y en la intención de proseguir un camino; resumo con ello ese recorrido anecdótico por mi vivencia de una obra que lo dijo todo, que lo hizo todo, en una época complicada y gloriosa al mismo tiempo. Por ello es que podamos hablar de verdaderas composiciones espirituales, de pintura de la ingravidez y de la contención, de una obra portadora de un vastísimo universo; en definitiva, un cosmos de musicalidad y de sensibilidad que le permitieron abrazar, en palabras de Michel Henry, “todas las cosas, todos los elementos que le pertenecen, en tanto que son sensibles†(2008, p. 162).

Referencias bibliográficas:

Düchting, H. (1999). Wassily Kandinsky (1899-1944). Una revolución pictórica, Colonia: Taschen.

Henry, M. (2008) Ver lo invisible. Acerca de Kandinsky. Madrid: Siruela

Kandinsky, V.: “Conferencia de Colonia†(1914), en Kandinsky, origen de la abstracción. Madrid: Fundación Marc. 2003

Korovin, K. (2011). Aquello fue hace mucho tiempo… allí en Rusia. Moscú: Russki put.

Petrova, Y. (2017) “Vassily Kandinsky en el contexto de la cultura rusa de la frontera de los siglos XIX y XX, en Vassily Kandinsky y Rusia. Málaga: Colección Museo Ruso de San Petersburgo/Málaga