TenÃa ganas de releer El hombre que andaba en el color de Georges Didi-Huberman (Adaba Editores, 2014); y nuevamente me dejo llevar por su recorrido a lo largo de tantos cromatismos que han ido legando artistas con el paso del tiempo, los pigmentos y las sonoridades que entrega la existencia; y en la lectura uno va caminando -como si se tratase de un recorrido embriagador-, por ese “amarillo abrasador de la arenaâ€, un amarillo que (para el personaje que crea Didi-Huberman, a partir del pintor James Turrell, nacido en Los Ãngeles, 1943):
“no tiene lÃmites†sino que “anda en el amarillo y comprende que el mismo horizonte, por más nÃtido que parezca en la lejanÃa, no le servirá nunca de lÃmite o de marco; sabe bien, ahora, que, más allá del lÃmite visible, sólo hay un mismo lugar tórrido que continúa siempre idéntico y amarillo hasta la desesperación†(p. 16).
A partir del recuerdo del lÃmite no-lÃmite del horizonte pensamos en la asombrosa certeza que uno encuentra al reflexionar sobre la ausencia de la lÃnea en la naturaleza, precisamente esa ausencia de marco de la que habla Didi-Huberman a raÃz del citado artista: James Turrell.
Los rojizos, los azules y los astros se dan cita en la isla
Asà van surgiendo de mi memoria nuevos recuerdos, las palabras que vinieron a fundirse en mi Tesis Doctoral dedicada al infinito pictórico y la experiencia vital de tantos años. Y algo más viene a sumarse en este recorrido de hoy; aquellos paseos entre pinares, sobre la arena, durante los años de infancia en una isla; lugar que me vio crecer y descubrir tantas certezas. Me crié en aquella isla a la que siempre querré volver, para volver también a una luz que, como dirÃa MarÃa Zambrano, permite “resucitar sin salir de este mundoâ€.
Y es que siempre hay un momento al caminar por la isla en el que te secuestran su mar, su cielo, su luz….esa luz que permite que abramos a la vida nuestros ojos, que apreciemos texturas en la pintura, volúmenes y sombras de cada fragmento de realidad y horizontes sin lÃmite. Ese cielo del que habla el propio Didi-Huberman: “El cielo nos ha visto siempre nacer, él, que jamás ha nacido, y nos verá morir siempre, él, que engloba a todo el tiempo, que es inengendrado, incorruptible, inalterable†(p. 87).